Universidad confesional: menos universal

En España son continuas las agresiones a la libertad de conciencia (a la democracia, por tanto) desde la mayoría de los poderes públicos, desde la Corona hasta muchas alcaldías: cada vez que adoptan actitudes confesionales. Una de las más graves ha sido el reciente acuerdo del gobierno ‘laicista’ del PSOE con los obispos por el que se regulariza una detracción aún mayor de fondos públicos para la Iglesia: es un gravísimo atentado contra la aconfesionalidad del Estado que no mejorará, precisamente, si se extiende esa expoliación en favor de otras confesiones.

            En este estado de cosas, es especialmente imperdonable (no tiene perdón de Dios, que dirían ellos) constatar vergonzosos residuos del nacional-catolicismo en la institución que supuestamente es el principal reservorio de la actividad intelectual y del espíritu crítico y tolerante: la Universidad. En estos tiempos en los que la libertad de conciencia y la paz sufren un brutal acoso desde el fundamentalismo islámico, la respuesta inteligente y justa no es aferrarse a la cola del no menos perverso (aunque hoy generalmente más atenuado) fundamentalismo católico. Que la Universidad de Granada –recordemos: pública, aconfesional- una vez más haya comenzado oficialmente el curso académico con una misa (y me temo que convocará otras) no es inocente: no es una muestra de inteligencia ni de respeto a las personas, y no beneficia ni a la democracia ni a la paz.

Juan Antonio Aguilera Mochón. Profesor de la Universidad de Granada.

(3-10-2006. La Opinión de Granada, Ideal y 20 minutos (en 20 minutos, a partir de "En estos tiempos..."))