Paz, justicia, igualdad y laicismo

 

En su respuesta a mi carta sobre la visita de Aznar al Papa, el señor García Martín reflexiona sobre mis ironías resaltando lo que la Iglesia ha hecho por la paz, la justicia y la dignidad del ser humano, en particular en nuestro país, a pesar de los errores de individuos concretos. En efecto, la Iglesia católica (sobre todo, individuos concretos) ha hecho algunas cosas positivas por esos nobles fines, pero le recuerdo que también ha apoyado regímenes fascistas como el de Franco, que el respeto que siente por la mujer todavía no le permite sacarla de una discriminación extrema dentro de la propia Iglesia, y que mantiene posturas muy reaccionarias aunque atenten contra la dignidad de los homosexuales, aunque propicien muchas muertes (piense en los condones y el SIDA), aunque dificulten avances que pueden evitar graves sufrimientos (investigación con células madre)... Por no remontarnos a otros tiempos, de inquisición y cruzadas.

Debo aclarar que las críticas anteriores las hago a título personal, pero pertenezco a asociaciones laicistas (Granada laica y Andalucía Laica) que, en cambio, no entran a juzgar el catolicismo u otras religiones, no son en absoluto antirreligiosas. Sencillamente defienden, amparadas por la Constitución, la no confesionalidad del Estado, que sin duda favorece la convivencia de los individuos, libres y diversos, pero iguales ante la ley. Decía Norberto Bobbio que "el espíritu laico no es en sí mismo una nueva cultura, sino la condición para la convivencia de todas las posibles culturas". Un católico, un musulmán y un ateo pueden ser laicistas. El laicismo reclama del Estado respeto y protección de la libertad de conciencia de los individuos, que le obliga a ser neutral en el terreno de las creencias. Esta neutralidad respetuosa y la defensa de la convivencia pacífica exigen, contra lo que dice el señor Amat en otra carta de réplica, que las autoridades públicas, cuando actúan como tales, se abstengan de manifestar o promover creencias particulares (religiosas o no), y por tanto de participar en ceremonias religiosas (como la boda del Príncipe). Esto no es sólo mi opinión, ¡es también la increíblemente ignorada visión del Tribunal Constitucional!: “El derecho a la libertad religiosa de cada persona comprende también, en general, y específicamente en un Estado que se declara aconfesional... el de rechazar cualquier actitud religiosa del Estado...” (Auto nº 359, de 29-5-1985). "El Estado se prohíbe a sí mismo cualquier concurrencia, junto a los ciudadanos, en calidad de sujeto, de actos o actitudes de signo religioso" (Sentencia nº 24/1982 (Pleno) de 13 de Mayo).

 

 

Juan Antonio Aguilera Mochón

 

(Publicado en Granada Hoy el 31-1-04)