Los deberes laicistas del PSOE

 

Desde la Iglesia y el Partido Popular se está calificando la posición del PSOE respecto a las religiones, en particular en el tema educativo, como un desatado “fundamentalismo laicista”. Sorprende que la acusación de fundamentalismo venga en ocasiones de quienes se declaran seguidores de san Josemaría Escrivá, paladín de la santa intolerancia, pero es que también deben haber asimilado su santo humor, pues lo que vemos en el documento del Ministerio de Educación “Una educación de calidad para todos y entre todos” y en las declaraciones del presidente Zapatero de que no se tocarán los Acuerdos con la Santa Sede, no es precisamente laicismo. El laicismo exige respeto del Estado a la libertad de conciencia de los ciudadanos, y supone la separación nítida entre el Estado y las iglesias… y que no pueda haber adoctrinamiento religioso en los centros de enseñanza sostenidos con fondos públicos. Los citados Acuerdos, de 1976 y 1979, comprometen a España ante otro Estado (que, por cierto, está muy lejos de ser un Estado democrático de derecho) a una desmesurada concesión de privilegios a la Iglesia católica, radicalmente incompatibles con la democracia y con aquel respeto. La solución no puede estar en extender esos abusos a otras religiones –tampoco la zen–, sino en su radical supresión. Zapatero y el PSOE no han fallado en la defensa enérgica de los derechos humanos en relación con la guerra de Irak, la violencia de género o los matrimonios entre homosexuales, y han actuado al margen de la postura de la Iglesia. Pero fallan de manera clamorosa cuando mantienen en favor de ésta unas formidables discriminaciones que atentan flagrantemente contra los derechos humanos y el artículo 14 de la Constitución. Mientras el PSOE no se decida a denunciar los Acuerdos (y revisar toda la normativa derivada de ellos) seguirá siendo responsable del confesionalismo de hecho que padecemos, seguirá siendo en esto religiosamente fiel a Franco, que sí que dejó demasiadas cosas “atadas y bien atadas”.

 

Juan Antonio Aguilera Mochón, Granada

 

Carta al Director publicada en La Opinión de Granada, Estrella Digital, A toda costa, Rebelión (14-10-04) y Granada Hoy (16-10-04)