Los bombarderos, la mariposa y el PSOE

Juan Antonio Aguilera Mochón

 

       La guerra de Irak ha servido para dejar las cosas más transparentes que nunca, por lo menos lo suficiente para albergar pocas dudas sobre quién manda aquí y sobre su estatura moral. Ya pocos discuten seriamente que los EE UU dominan el mundo como el matón del barrio, sin disimular que su última razón es la fuerza. Poseen todas las armas de destrucción masiva que quieren -no conocemos su verdadero arsenal- y además las utilizan estrictamente para la defensa... de sus intereses. Su presidente miente para seudojustificar una guerra inmunda, y le siguen en la mentira otros líderes mundiales. Descubiertas las mentiras flagrantes, y dados los miles de asesinatos que han propiciado, de momento les salen baratas a los fuleros: ni siquiera dimiten, ni tan solo se azoran. Más grave aún es que, ante la exhibición de poder, el Consejo de Seguridad de la ONU se rinde, da por buenos los hechos (los crímenes) consumados y se baja los pantalones ante el gran jefe americano. La autonomía real de éste no se ve tan clara. ¿No les cuesta creerse que el Imperio esté regido por individuos como Reagan, Clinton, Bush padre o Bush hijo? Parecen sacados de un Hotel Sam, o que hubiera un tétrico humorista detrás, un tipo como el Joker de Batman, pero apenas conocemos los rostros de quienes pueden mover a los peleles desde la sombra.

Sí sabemos que la industria armamentística estadounidense (Lockheed Martin, Boeing-McDonell Douglas, Raytheon) es un elemento esencial de la fuerza hegemónica del planeta, el cártel globalizador. El aparato militar que nutre es el brazo armado que en último término garantiza, bajo el eufemismo de la “Defensa”, el dominio mundial de las multinacionales (esencialmente norteamericanas). Es un dominio económico y cultural apabullante que, por las buenas, mantiene en la miseria y la desesperanza a la mayor parte de la humanidad, pero que, cuando eso no basta, necesita de lo militar. Con la gracia añadida de que, aun por las buenas, lo militar en sí constituye uno de los mayores negocios transnacionales. La industria y el comercio de armas es un monstruo insaciable, necesitado de clientes y de consumo: las guerras están aseguradas. Digámoslo pues sin rodeos: el dominio estadounidense es un dominio criminal y sin escrúpulos; el conglomerado de intereses que lo detentan no es el eje del Mal, pero es el motor, la carrocería y el combustible de muchos de los peores males.

Especialmente grave es que el daño ecológico causado a la Tierra por el inhumano sistema económico y, de nuevo, principalmente por EE UU -que se niega alevosamente a evitarlo, y más aún a corregirlo-, puede estar abocando a la humanidad a una situación irreversible. Ni siquiera tenemos la “tranquilidad” de que las fuerzas opresoras controlen el rumbo. Es asombrosa la casi nula capacidad predictiva de esas fuerzas sobre el comportamiento de sistemas tan complejos como los macroeconómicos y los ecológicos.

¿Cómo combatir esta situación? La rebelión por ahora más dura y activa, la que representa el fundamentalismo islámico, no parece que vaya a mejorar las cosas, precisamente. Creo que es moralmente inadmisible, y no matará al monstruo, tal vez lo engorde. Tenemos, por otro lado, los extraordinarios ‘movimientos antiglobalización’, populares y pacifistas, de carácter transnacional, quizás un buen ejemplo sociológico del poder de la realimentación positiva: el célebre efecto mariposa, donde la mariposa sería la rebeldía individual frente a la injusticia y la violencia disfrazadas de mercado libre. Constituyen una esperanza fundamental, ahora que los Estados desempeñan un papel tan secundario frente a las multinacionales. Sin embargo, no conocemos sus posibilidades de intervención efectiva, por lo que no es cosa de desestimar en exceso las capacidades de la política tradicional, sobre todo teniendo en cuenta las oportunidades de acciones supraestatales de algunos partidos.

En España, está desdichadamente claro el sometimiento del Partido Popular al Imperio americano, así que tenemos que mirar a la izquierda y, dado que Izquierda Unida aún provoca un rechazo insuperable (que tiene bastante de irracional y de herencia franquista) en la mayoría, hay que dirigirse al Partido Socialista. ¿Cómo se enfrenta el PSOE al monstruo económico-militar?

Es alentadora la gallardía del PSOE respecto a la guerra de Irak, con una oposición nítida y consecuente. Pero enseguida le asaltan a uno las dudas. Mi desconfianza comienza cuando veo que el PSOE no parece dispuesto a seguir la lógica de su propio discurso, que debería llevarle a denunciar a Bush, Blair y Aznar ante el Tribunal Penal Internacional (TPI), y a rechazar la presencia de las bases americanas en España. Lo que ha denunciado ha sido el uso de éstas en una guerra ilegal, que no contaba con el apoyo de la ONU. Qué candidez en el análisis de lo que representan las fuerzas armadas estadounidenses. Yo me pregunto cómo puede un partido de izquierdas aceptar la presencia militar del enemigo número uno de la justicia internacional, que derroca o impone jefes de Estado o regímenes políticos según sus intereses más mezquinos y que, en defensa propia, obstaculiza la acción efectiva del TPI. ¿Qué pasará a partir de ahora, si el Consejo de Seguridad sigue hincando la rodilla? A lo peor EE UU decide invadir Siria, Irán o Cuba con el apoyo del Consejo: ¿qué diría y qué haría el PSOE? ¿Apoyaría el uso de las bases en una guerra legal aunque a todas luces inmoral e injusta? Tenemos que saberlo: tienen que debatirlo ahora, abiertamente. Esta cuestión debe formar parte de una postura global frente a la política antihumana de los EE UU: ¿exigirá el PSOE la progresiva y rápida destrucción de sus armas nucleares, químicas y biológicas?, ¿denunciará ante instancias internacionales la ingente cantidad de recursos que dedica a la investigación militar? (Esta denuncia conlleva otra, la de la aberración de que en España, según la Fundació per la Pau, los programas de I+D militar tienen un presupuesto que es más del doble que el del conjunto de todas las universidades y el CSIC para I+D civil). ¿Será duro el PSOE en la exigencia, en los ámbitos internacionales, de que EE UU firme y cumpla los acuerdos medioambientales internacionales?, ¿y de que no viole los derechos humanos en su propio país? ¿Promoverá, como miembro de la Internacional Socialista, que ésta se sume a tales acciones?

Si no lo hace, si no modifica el PSOE su visión de las relaciones con los EE UU, y se compromete inequívocamente en el cambio, ejercerá una política de apoyo efectivo al Imperio. Sé que este cambio es duro, supone deshacerse de una vez de la herencia desgraciada que dejó, en este y algún otro terreno, esa quinta columna neoliberal llamada Felipe González. Asimismo sé que, dejando al margen el conocido (salvo por el PP) riesgo de que las acciones criminales de EE UU y sus aliados desencadenen un terrorismo vengativo también en nuestro país, estar ciegamente del lado del más poderoso nos podría favorecer económicamente. Como nos puede beneficiar ¡sólo a corto plazo! fabricar armas y exportarlas: dinero, puestos de trabajo. Pero si este es el argumento de más peso en políticos o sindicalistas considerados de izquierdas, o sus miras son muy cortas, o en ellos ya no aletea la mariposa de la rebeldía frente a la injusticia. Tampoco creo que se puedan dar por vencidos ante la magnitud del reto, por el miedo a perder elecciones si mantienen sus principios. Atrévanse a dar una fuerte batalla pública, con alternativas bien explicadas y discutidas, que ilusionen a la población tanto como en el 82. Y con compromisos claros, que dejen poco margen a la traición de principios como después del 82. Nada de “De entrada...”. Bombarderos o mariposa. “Mariposa del aire, qué hermosa eres... Mariposa, ¿estás ahí?”.

 

 

Publicado en Ideal (Granada, Jaén, Almería) el 17-6-2003. Reproducido en Rebelión y A toda costa.