LA FE CATÓLICA FRENTE

 

A LA RAZÓN CRÍTICA 

 

JUAN ANTONIO AGUILERA MOCHÓN  (Enviado a IDEAL el 13-6-2000. No publicado)

 

         En las réplicas de los señores Barnés Vázquez (día 6 de junio), Montero Vives (día 9) y Blanco Zuloaga (día 11) a mi artículo Las primeras comuniones (día 2), se contesta a mis acusaciones de irracionalidad en la doctrina católica, eludiendo las relativas a la responsabilidad moral y a la tolerancia.

         El señor Barnés hace una lista de personalidades célebres (otras, no tanto: «el hijo del secretario...») que creyeron o creen en la existencia de almas, ángeles, etc. También invoca a su favor las creencias de «miles de millones de personas». En siglos pasados, la mayoría de esas personas  -genios incluidos- también creían que Dios creó el mundo hace pocos miles de años, que la Tierra era el centro del universo, que la vida surgía por doquier mediante generación espontánea... En la actualidad, se cuentan asimismo por millones las personas que creen que los extraterrestres nos visitan en platillos volantes... Para qué seguir. No quiero ridiculizar creencias, sino mostrar lo falaz e inválido del mero recurso al argumento de autoridad (las afirmaciones de un experto en una materia tienen que ser ciertas), al efecto de halo (si alguien es una eminencia en un campo, debe serlo en todo) y al argumento de la mayoría (si la mayoría cree algo, debe ser verdad): son inaceptables en la ciencia y en la buena filosofía, aunque pueda ser otro el caso en la ciencia (¡?) teológica.

         Los únicos argumentos y datos relevantes que ofrece el señor Barnés se refieren a mi uso del calificativo medieval. Me permití llamar medieval (así, en cursivas) al estado vaticano no por su origen, sino por sus características, que distan de ser las de un estado de derecho moderno. En todo caso, si el calificativo era equívoco, pido disculpas. (Evitemos más malentendidos. En mi artículo se colaron dos errores -¿los duendes de imprenta sí que existen?-: un «inexplicable» por «inexplicada» en la columna 3, y un «intolerable» por «intolerante» en la columna 6.) De cualquier forma, si lo que pretendía el Sr. Barnés era mofarse de mi «cultura enciclopédica», lo apoyo con pesar. Pero esta descalificación personal tampoco es un argumento racional aceptable; de hecho, mi minusvalía cultural debería facilitarle una crítica seria.

         Vayamos con la réplica del señor Montero. Básicamente, (a) reivindica la buena fe de los catequistas, (b) considera inadecuada mi principal referencia bibliográfica, (c) le parece que este foro no debe servir para polemizar, (d) asegura que muchas personas se han sentido ofendidas por mí, por lo que me pide más tolerancia y respeto y (e) niega la irracionalidad católica.

         En cuanto al punto (a), ¡nunca he puesto en duda la buena fe!; comparto el objetivo de «construir una sociedad más justa, más fraterna y más igualitaria», pero no «según el plan de Dios». Más aún, sé que hay muchos católicos que trabajan en ese sentido de manera admirable.

         (b) En el punto 4 de la Carta del Papa a que se refiere el señor Montero se quiere que el Catecismo de la Iglesia «sirva de texto de referencia seguro y auténtico en la enseñanza de la doctrina católica, y muy particularmente en la composición de los catecismos locales. Es ofrecido también a todos los fieles... [y] a todo hombre... que quiera conocer lo que cree la Iglesia católica». Así pues, mi elección del Catecismo como referencia no puede estar mejor refrendada, con lo cual no quiero restarle mérito a los libros del señor Montero (que, por otra parte, no se apartan de la doctrina ortodoxa, sino que la adaptan a las distintas edades).

         (c) Por lo que se ve, este foro sólo debe ser muy adecuado para las páginas de catequesis dominical. Esto es IDEAL, no Fiesta.

         (d) Siempre escribo con cuidado de no ofender a nadie, llegando a guardarme casi todo mi sentido del humor con el fin de evitar sentimientos de burla. Las personas me merecen un enorme respeto. Pero otra cosa son las ideas, las creencias y los actos. Lo que he hecho ha sido una crítica, acertada o no, pero racional, razonada y precisa, de ideas, creencias y procedimientos educativos. Exijo el derecho a esta crítica. El señor Montero, en vez de atacar mi argumentación, me descalifica a mí tachándome de poco tolerante y respetuoso con las personas.

         (e) Este punto lo señala el señor Montero, pero es finalmente el señor Blanco quien lo argumenta, al parecer representando a todos sus lectores. Y no encuentra mejor manera de hacerlo que utilizando de nuevo el argumento de la mayoría (aquí ya me deja «solo frente a toda la humanidad») y alterando radicalmente lo que escribí. Yo no dije que sea irracional creer en «las cosas de su fe» porque no estén comprobadas: hay creencias que no son irracionales ni anticientíficas, sino sencillamente ajenas al ámbito de la ciencia. Son infinitas las creencias posibles de este tipo, y no se puede probar ni su verdad ni su falsedad; lo que es falaz es deducir su verdad de la imposibilidad de falseamiento. Si la fe católica oficial y popular es irracional y anticientífica es porque se sostiene sobre la realidad (esta sí demostrable, pero jamás demostrada rigurosamente) de sucesos milagrosos, que violan o suspenden las leyes de la naturaleza, como las resurrecciones. Y, por tanto, es irracional y anticientífica la creencia en seres con capacidad de provocar esos sucesos. Incluso S. J. Gould, que en su reciente libro Ciencia versus religión defiende con pasión y candor la no conflictividad entre ambas, es tajante en que ello exige el rechazo de los milagros. Yo defiendo ardientemente la libertad de proclamar las propias creencias, por muy irracionales que sean. Lo que denuncio es que se inculquen a los niños creencias anticientíficas (y una heteronomía moral que abona la intolerancia). Y que esto se haga en los colegios públicos me parece escandaloso.

         En resumen: frente a mis objeciones, ninguno de los tres autores ha ofrecido razonamientos ni datos relevantes que las refuten, sino argumentos falaces o que no vienen al caso. Lo que han conseguido es aumentar las dudas acerca de las oportunidades de análisis racional que dejan a los niños en la catequesis y en las clases de Religión acordes con el Catecismo.