Educación religiosa

 

La reciente sentencia del Supremo, que obliga a los alumnos que no hagan religión a asistir a clases alternativas, no hace sino confirmar que en España perdura el nacionalcatolicismo, aunque no en su versión dura, que sería la que satisfaría plenamente a la Iglesia (es decir, religión obligatoria para todos). El que con la religión se adoctrine a los niños incluso en colegios públicos, y a través de un profesorado irregular, no debe considerarse un residuo del pasado sin mayor importancia, sino una contaminación ideológica grave que atenta contra el espíritu científico y contra la tolerancia. La ley los ampara, pero recuerdo a los padres y tutores que apuntan a sus hijos a religión en la escuela pública (fuera de ella, que hagan lo que quieran) que están siendo cómplices de la bochornosa presencia de esa asignatura… y de su alternativa obligatoria y sin sentido. ¿Qué dicen sobre esto los teólogos progresistas de ahora?

 

Juan Antonio Aguilera Mochón

Carta publicada el 11-6-98 en Diario 16