A favor de la 'Selectividad'

 

       Interesantes las reflexiones sobre la Selectividad, en el IDEAL del 14 de julio, de mi buen vecino laboral Juan Pedro Martínez Camacho. Concluyen con una propuesta para eliminar el temido examen y obtener una lista de prelación de alumnos lo más objetiva posible: que se ajusten las calificaciones de los distintos Centros de manera que se igualen sus medias.

       Hay una objeción evidente, ya apuntada -pero minimizada- por Juan Pedro: es injusto que se igualen las medias si hay Centros cuyos alumnos salen mejor preparados. Por suerte o por desgracia, si no estoy mal informado, las notas del examen de Selectividad vienen apoyando la heterogeneidad de los Centros. (Esperemos que dentro de unos días se nos ofrezcan los datos relativos al último examen.) Quizás no resulten tan evidentes las consecuencias de la objeción; por ejemplo, un alumno de la máxima excelencia y calificación de un Centro con medias de expediente altas debido a que los alumnos que envía a la Selectividad están muy bien formados, nunca obtendría la máxima nota tras el ajuste: en el propio ejemplo de Juan Pedro, un alumno con un 10 en el Centro B -llamémosle Perfecto Diez- quedaría finalmente con un 8,96. Si se fijan en todas las notas de ese Centro B, verán que cuanto más altas son, más rebajadas resultan.

       ¿Qué solución tienen estos problemas? Me limitaré a dar lo que me parece una respuesta lógica, sin entrar en otras consideraciones sobre el acceso a la Universidad o la misión de ésta. Sería necesario, para un ajuste justo, evaluar a los Centros, o, más específicamente, a los grupos de alumnos que cada curso envían a la Selectividad. ¿Cómo se puede hacer esto? La respuesta que propongo coincide con la de Juan Pedro en esta premisa: las calificaciones otorgadas por un Centro a sus alumnos establecen un orden de prelación justo. En todo caso, mucho más fiable que el que se logra mediante un único examen de Selectividad. (Esta premisa es aún más válida aplicada a profesores en vez de a Centros.) Pero yo añado esta otra: un examen de Selectividad como el actual puede otorgar calificaciones anómalas -injustas- a alumnos concretos, pero, tomados grupos numerosos, proporciona una buena estimación objetiva de su nivel académico... siempre que la corrección la haga un tribunal único con unos criterios muy homogeneizados.

       En consecuencia, no se me ocurre mejor posibilidad que la de hacer un examen como el de ahora (siento ser impopular, pero yo sí creo en los exámenes, en los buenos exámenes, que, lamentablemente, a menudo exigen un buen esfuerzo), pero con una notable diferencia, que creo que no haría muy infelices a los estudiantes y sus familias. Se trataría de que las notas de examen de los alumnos de cada Centro sirvieran sólo para obtener la media final de ese Centro, con la que ajustar las notas individuales. La nota media final de cada estudiante se calcularía multiplicando su propia nota media de expediente por el cociente entre la media de los exámenes de Selectividad de su Centro y la media de los expedientes del mismo Centro. (Acaso fuera necesaria una normalización sencilla si resultan notas por encima de 10.) Se evitaría la injusticia de que un mal día de un alumno dé al traste con años de buen trabajo. En cambio, es muchísimo más improbable que ese mal día lo tengan mucho más los alumnos de un Centro que los de otro. Es decir, cada alumno se examinaría para defender no directa y dramáticamente su nota, sino la de su Centro... con la tranquilidad de que su examen concreto no sería decisivo. Convendría buscar una denominación sustitutiva de Selectividad, pero eso sería lo de menos. Creo que el refinamiento ideal del nuevo procedimiento consistiría en su aplicación no ya a los Centros, sino a los profesores, pues en un Centro determinado puede haber un profesor hueso de Lengua y otro mogollón de Química, o incluso uno hueso y otro mogollón, ambos de Matemáticas.

       El problema de Perfecto Diez debería estar ya resuelto. Si el Centro B, con mejor media de expedientes, destaca en igual medida en las pruebas de Selectividad, los alumnos con 10 mantendrán su nota. Si no es así, será debido, muy probablemente, a que el Centro califica con demasiada bondad a sus alumnos (¡no hay por qué prejuzgar que infla las notas!) y Perfecto seguirá saliendo perjudicado. Sin embargo, el procedimiento que propongo disuade de ser muy bondadosos o de inflar notas, no sólo porque se perjudica a los excelentes del propio Centro, sino por lo absurdo que resulta, ya que al final la media del Centro queda fijada por el examen de Selectividad, sin importar que la media de expedientes sea de 6 o de 9.

       Aún queda un problema que quiero destacar. En la actualidad, las distintas universidades del distrito único andaluz parecen calificar en Selectividad con distinto grado de dureza. Los miembros de un tribunal corrector pueden ajustar sus criterios de evaluación en un margen amplio, y los mismos exámenes podrían dar con el tribunal de una provincia una media de 7 y con el de otra de 8. Esto es lo que parece estar ocurriendo (se podrían idear mecanismos sencillos para verificarlo durante las correcciones), y están siendo los estudiantes examinados en Granada los perjudicados. Quien se ha presentado a Selectividad en otra provincia compite así con una considerable y parece que injusta ventaja a la hora de optar a ciertas titulaciones. ¿La solución a esto? O bien la calificación de los exámenes se hace realmente objetiva, de manera que la nota no dependa en absoluto de quién corrija (lo cual exige, claro está, un cierto tipo de exámenes), o bien se introduce un factor corrector que iguale las medias de las distintas provincias (como proponía Juan Pedro para los Centros), pues, mientras no se demuestre lo contrario, cabe presumir y debe suponerse que el nivel académico de todas es el mismo.

 

 

              Juan Antonio Aguilera Mochón

              Profesor de Bioquímica y Biología Molecular

              en la Universidad de Granada